Somos las mismas partes de un todo: somos individuos de la misma especie en un planeta vivo. La tierra es una acumulación de materia en el espacio que ha fusionado sus ciclos con aquellos de los seres vivos que la habitan. ¿Por qué la habitan? Razones aún desconocidas.
Escogiendo de la hamaca de palabras, - también conocida por los grandes como una dialéctica de bolsillo - contamos con ejemplos tan alienígenas como la medusa; tan imponentes como los robles; tan inteligentes como el pulpo; tan claves como los pelagibacterales; pero sobre todo, tan intensamente pasionales, amorosos, asesinos, violadores, filósofos y antipáticos como el ser humano.
Y yo no puedo ilustrarte, miembro de la misma especie, todo lo que he (des)aprendido para poder entender la realidad de una manera más clara. Y aunque tuviera la iniciativa, la capacidad y tu apertura para tratar de enseñarte lo que aún ignoras, existen cosas que tu cerebro no va a procesar porque no le convienen.
Somos Gaia en un punto en el tiempo; asimismo, somos una parte física de ella. ¿Qué significa esto para el que ignora los ciclos geológicos de la tierra, quien no se ha planteado el por qué de la vida celular y la simetría matemática que el universo sigue? ¿Estoy teniendo una conversación conmigo mismo, en la que tengo que escoger entre buscar un cambio o seguir el mejor camino para mi desarrollo?
El reto de cuestionarme cómo hacerte entender mejor me obliga a aprender con más profundidad; a superar las metas que siempre me han parecido lo suficientemente lejanas. Pero soy ambicioso y quiero todo: el cambio social, la búsqueda y cuestionamiento de la condición humana, la experiencia artística del ser que ha fragmentado su experiencia en tantas partes que no solo lo destruyen al mismo, sino que terminan por destruir a la misma Gaia.
Voy hacia abajo, y no le veo fin al túnel. Tengo metas, tengo amigos, tengo una línea de cuestionamiento que mantiene una constante en mi vida - una vida que ha tenido extremadamente pocas constantes. Aun así, son metas, amigos y cuestionamientos acorralados por la época en la que vivo y el lugar y condiciones en el que mi cuerpo se ha desarrollado.
Desaprender duele tanto como idealizar. No quiero nada pero lo quiero todo; no a la manera que he aprendido, sino de la manera de aquello que he aprendido me permite reinventar. El lenguaje no es compatible con el sentimiento que se tiene al desear ser en comunidad y en verdadera individualidad cuando se vive en la distopía contemporánea. George Orwell se queda pendejo; bueno, podría decirlo con seguridad si hubiera leído los libros, pero me los resumieron.
En fin, me dirijo abajo por el momento. No veo salida al problema ni caso en dedicar mi vida a algo. Deséame suerte. Seguro cambiará algo: y ojalá ese algo sea yo. Te amo, y no quiero dejar de verte por mucho tiempo. Manténme en tus pensamientos, porque yo estaré en los míos. Saludos hijo de tu puta madre.
[21 de julio del 2021]
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