Sería una simple amistad: “simple” al lado del mutante tóxico que me hace sentir que cada aliento será el último. Dejar atrás al jadeo y escoger la meditación. Explorar el mundo y continuar mi proceso del ser.
Y me da miedo. Me intimida dejar atrás a ese yo que depende de ti, de lo que me haces sentir. Saber que no necesitaba un triciclo a mi edad no me da validez. Me la daban las ruedas extras, aunque mi cuerpo ya no cupiera.
Se siente como un adiós. Porque de mi parte lo es: al yo del pasado, a la esperanza de ese futuro juntos, a la seguridad de lo escondido. El aire fresco se siente helado si uno se encuentra sobrecalentado. Y si, siempre me encontré experimentando más de lo que me sentía capaz.
No todo es malo: el aprendizaje viene conmigo. Te agradezco tu incapacidad, pues me obligó a superarme. Te agradezco tu amistad, pues me hizo sentir aquello que nunca creí ser capaz de hacer: amar. Eres tú; pero no es tu cuerpo ni tu circunstancia. Soy yo; pero no mi vulnerabilidad ni mi inseguridad.
Ay, cuánto empatizo con tu rechazo al amor. Me gustaría que vieras que te quise dar todo, con la mejor intención. Espero encuentres a alguien que te quiera más que yo. Espero seas feliz y no caigas en las trampas de este mundo objetificador.
Aceptar que si te vuelvo a ver, será sin la ilusión de tenerte cerca. Y que nuestras vidas podrían nunca volver a cruzar. Dejar de forzar aquella reciprocidad que vive en todos lados menos en la realidad. Ser capaz de yo mismo rechazar. Crear una vida sin ti como prioridad.
Una vida sin ti será completamente mía; simbolismo de la tortura propia perpetua. Ancla para bote en remolino. Lluvia para la planta recién regada. Fuego que me acostumbró a sentir un dulce y punzante dolor. Escalón de la escalera al que le deje mi corazón.
Me gustaría pensar que te fue beneficioso a ti también. Que tuve un rol en tu vida y que, de desaprender los imperativos del mundo, podrías sentir algo por mi. Pero la realidad es que venimos de puntos del tiempo distintos; de un pasado geográfico y biográfico. Y la idealización agota.
Nos vemos. O no. En el pasado, seguro que así será. Fue un gusto, querido autista emocional.
Comments
Post a Comment