Las heridas más dolorosas son las crónicas;
Aquellas escondidas en la cotidianidad de nuestra vida.
Las que nos molestan hasta que se internalizan.
Pero nuestra pierna no es nuestro moretón.
En pocas ocasiones somos nosotros las causas del dolor.
Es cierto, que lo que existe en mi mente solo lo puedo proyectar.
Nada de lo que conciba es propiamente una descripción de la realidad.
Pero con toda prioridad a mis sentimientos y emociones he de escuchar,
Si es que algún día me gustaría ver a mis agentes de daño sin llorar u odiar.
Como si fuera un juguete ignorado por los niños,
Como cambiar mi contraseña sin antes preguntar,
Como flora local desplazada por pastos,
Como un cohete construido para nunca despegar.
Así se inscribe la apatía y la falta de consciencia en mi reconocimiento.
Así se crea la inseguridad, una falta de cariño existencial.
Así se produce la ira y la duda, la indignación y la gula.
Es
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